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EL SERMÓN DE LA MONTAÑA  (27)  

Lectura guiada de Mateo capítulos 5 al 7

Vivir como el Hijo – Vivir como Hijos.

 

NO HACERSE VER

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 6,1)

 

Esta frase de Jesús resume su enseñanza contenida en Mateo 6,1 a 6,18. Y repite varias veces a continuación: “da limosna, ora, ayuna en lo secreto y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”. No hacer nada para ser visto por los hombres sino de cara al Padre.

¡Cuánta sabiduría divina y humana encierra este consejo de Jesús! ¡Y cómo nos la enseñó con su ejemplo de vida oculta en Nazareth! Dios cuando se hizo hombre prefirió ocultarse de los hombres!

Los hombres, aún los más cercanos y precisamente ellos, vivieron ajenos a la intimidad del Hijo con el Padre. Es sabido que en los pueblos chicos es más difícil ocultar algo, mantener un secreto, celar la identidad profunda.

Pero ese ocultamiento en lo secreto ¿no es acaso el reflejo sobre la tierra de la felicidad que el Hijo eterno vive en el seno oculto de la Trinidad, donde tampoco llega la mirada humana? La vida oculta de Nazareth es como el reflejo de la vida oculta en la Trinidad. ¿Qué es lo que la beatifica y plenifica? El amor filial. La conciencia de vivir recibiéndose del Padre, como don amoroso de Aquél que quiere que seamos y nos hace ser. La recompensa de la que Jesús habla, no es otra cosa que esta intimidad con el Padre, este mutuo conocimiento y reconocimiento que brinda la condición filial.

 

En cambio ¡cuánta desdicha! ¡cuánta frustración, desilusión, desengaños, deja la opinión de los hombres! ¡qué vana y pasajera la gloria que viene de ellos! ¿Recibirás el ser de quienes no vacilarán en negártelo o quitártelo con su desconsideración o con su olvido?. ¿De quienes apeteciendo también gloria, terminarán disputándotela y te odiarán, atormentados por la envidia y los celos’

Jesús les reprocha a los escribas y fariseos que practiquen su justicia para ser vistos por los hombres, buscando ser honrados y distinguidos por ellos. Se visten con  amplios mantos y vestiduras y alargan sus filacterias, se pasean y les gusta ser saludados en las plazas, se disputan los primeros puestos en las sinagogas y en los banquetes.

No eran ellos los únicos deslumbrados por la gloria en la antigüedad. Idéntica hambre de gloria caracteriza a la cultura griega y latina.

Jesús introduce la humanidad una originalidad absoluta.

Un Hijo recibe el ser del Padre. De Él también la aprobación y la alabanza. Y eso ocurre en un secreto, arcano, oculto seno paterno, donde se es engendrado, donde se recibe un corazón de

Hijo. Y donde el Padre brinda, con esa misma intimidad filial, la mejor recompensa.