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EL SERMÓN DE LA MONTAÑA  (36)   

Lectura guiada de Mateo capítulos 5 al 7

Vivir como el Hijo – Vivir como Hijos

 

TU IZQUIERDA Y TU DERECHA...

 

Hablando de cómo dan limosna los hijos, dice Jesús: “...cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha..” (Mt 6,1). Eleemosyne, se le llama en griego a toda obra de misericordia, espiritual o corporal. “Cuando hagas el bien”.

La mano izquierda es la que guarda, la mano derecha la que da. En el lenguaje del arte sagrado, vemos que María tiene en su izquierda al niño y con la derecha nos da algo: el rosario, la protección del cetro, el escapulario. La izquierda es la mano del corazón, la que atesora. Puede atesorar a Dios o al dinero. La derecha cosecha, la izquierda agavilla. La mano derecha debe dar sin consultar a la izquierda. La generosidad debe dar sin consultar a la codicia ni a la prudencia humana. “¡Pero Padre! ¿Hasta cuánto es prudente dar?” La medida de la prudencia en dar, no pueden enseñármela los hombres. Tengo que ir a preguntarlo y aprenderlo del Padre, en lo secreto donde Él me “da de lo suyo”. Él Padre me inspirará con su ejemplo dadivoso, porque Él es la Fuente divina de la generosidad: “Toda dádiva buena y todo don perfecto viene de Lo Alto, desciende del Padre de las luces” (Sant 1, 17);  “Un solo Dios, el Padre del cual proceden todas las cosas y para el cual somos” (1 Cor 8,6) “la Religión pura e intachable ante Dios Padre es visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación” (Sant 1,27). Bien pudo decir Jesús: “Sed generosos como vuestro Padre celestial es generoso”.

 

Federico Ozanam, quería que la caridad cristiana se hiciera en secreto total. La jactancia ante el mundo acecha a la Iglesia y a toda organización caritativa: Caritas, las Conferencias Vicentinas, las congregaciones dedicadas a las obras de misericordia, como las Hermanas de Teresa de Calcutta El mundo vigila a la Iglesia e intenta regir su vida administrando la alabanza y el vituperio: -¡La Madre Teresa sí que era un monja que hacía algo útil! el juicio sobre las demás se sobrentiende. Oyendo esas alabanzas, algunos cristianos concluyen: -¡así deberían ser todas, porque es lo que el mundo aprecia! ¡un testimonio que entienden hasta los que no creen! (?). Aconsejando el modo de manipular a los hombres de Iglesia, alguien dijo: “bésales los pies para atarles las manos”. La alabanza de los hombres nos engrilla y maniata. Por eso, el consejo de Jesús de hacer el bien a escondidas, apunta a preservar nuestra libertad de hijos. Debemos sustraernos a la mirada humana para vivir libres de los juicios humanos. Nos esclavizan. Nos apartan del Padre. Ocultarnos en el Padre para obrar el bien, por el contrario, nos capacita para hacerlo y nos preserva de la asechanza de los acediosos.

Hasta la Próxima

Horacio Bojorge S.J.

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