BIBLIA - CONFERENCIAS - DATOS DEL AUTOR - ESPIRITUALIDAD - ESPIRITUALIDAD IGNACIANA - FE Y POLÍTICA - LAICOS - MARÍAPARÁBOLAS Y FÁBULAS - POESÍA - RELIGIOSOS - TEOLOGÍA

 

 

 

 

EJERCICIOS ESPIRITUALES Indice

UNGIDO CONTRA UNGIDO

EL RELATO DE LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS EN LOS EJERCICIOS (EE 224 Y 303)

Y JESÚS MAESTRO EN CONSOLAR CON LAS ESCRITURAS

Horacio Bojorge S.I.

Anotado por el P. Miguel A. Fiorito S.J.

------------------------------------------------------------------------------------------

Boletín de Espiritualidad Nº 131 (1991) Una reelaboración y ampliación se publicó en las páginas 105 a 128 de la obra "Mujer: ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia" [Editorial Lumen. Buenos Aires 1999, 192 págs] Sobre este libro pueden verse más detalles en http://ar.geocities.com/acedia2000

------------------------------------------------------------------------------------------

=========================================================

Jesús resucitado ejerce su "oficio de consolar" (EE.224) con los discípulos de Emaús, de modo principalísimo mediante "la consolación de las Escrituras" (Rom. 15,1-6; 2 Tim. 3,14-16).

¿Cuál pudo ser su argumentación escriturística para explicarles que "era necesario que el Mesías (el Ungido) padeciese estas cosas (la oposición de los ungidos) para que entrase así en su gloria?: La persecución de un ungido por otro. Un misterioso hecho que se repite a lo largo de todo el relato bíblico.

==========================================================

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

A) PEDAGOGÍA PURIFICADORA POR EL SUFRIMIENTO

El Antiguo Testamento --- El Nuevo Testamento --- La tradición patrística

Magisterio: Juan Pablo II, El Sufrimiento salvador = Salvifici Doloris

B) LA PERSECUCIÓN DE UN ELEGIDO POR OTRO

Abel-(Caín); Isaac – (Abraham); Jacob-(Labán) y Jacob-(Esaú); José-(sus hermanos)

Samuel --- David --- Moisés --- Diatriba de Esteban --- Cristo-Judas

Celos entre los doce

C) EL REMEDIO DIVINO

CONCLUSIÓN

==============================================================

INTRODUCCIÓN

1. La muerte de Nuestro Señor Jesucristo resultaba peculiarmente incomprensible a los discípulos de Emaús porque había sucedido pro sentencia de "nuestros sumos sacerdotes y magistrados". Se trata de la muerte de un Ungido: "profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo", a mano de otro ungido: el pueblo elegido de Dios representado por sus autoridades.

[El término ungido lo usamos unas veces en su sentido estricto, Mesías-Cristo; pero otras también en su sentido más lato, como sinónimo de "elegido" y de "amado". En el vocabulario del amor, los términos latinos "diligere-dilectus-dilectio" y sus derivados castellanos "dilección-dilecto-elegido" denotan que el amor implica una cierta elección. El drama Caín-Abel lo desata el hecho de que Dios prefirió la ofrenda de Abel. Nos llevaría demasiado lejos entrar en las profundidades de este misterio por vía filosófica o teológica. Pero el drama evangélico, por sus caminos propios nos sumerge en él.]

El Resucitado los consuela explicándoles lo que había referente a El en todas las Escrituras, mostrándoles que en ellas se habla de la necesidad de los padecimientos del Justo. En esta "ley de sufrimiento" – que va a transformarse en "evangelio del sufrimiento" –, hay dos facetas que merecen ser señaladas: por un lado, la purificación de los justos por medio de los sufrimientos; por otro lado, la persecución de un Elegido a manos de otro elegido.

A) PEDAGOGÍA PURIFICADORA POR EL SUFRIMIENTO

2. El Antiguo Testamento conoce ya el tema de la purificación del justo por los sufrimientos: "Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba...porque en el fuego se purifica el oro, y los adeptos de Dios en el horno de la humillación" (Eclesiástico 2,1-5). "Debemos dar gracias al Señor Nuestro Dios que ha querido probarnos como a nuestros padres. Recordad lo que hizo con Abraham, las pruebas por que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando pastoreaba el rebaño de Jetró, el hermano de su madre. Como los puso a ellos en crisol para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros los que nos acercamos a El, no para castigarnos, sino para amonestarnos" (Judit, 8,25-27).

3. El Nuevo Testamento recogerá explícitamente esta doctrina en sus "paraklesis". Así por ejemplo en la Carta a los Hebreos: "Sufrís para corrección vuestra" (Hebr.12,7); ver también 10,36, que introduce el tema de la paciencia necesaria y de la fe como ejercicio de lo arduo, que se desarrolla en toda esta sección de la Carta). La Paciencia es una ciencia del sufrimiento, una sabiduría que Dios enseña a los suyos mediante pruebas pedagógicas. Hay pues una pedagogía de la tribulación.

4. En la tradición patrística se seguirá profundizando en el "evangelio del sufrimiento", que Pablo había presentado como un "completar lo que falta a la pasión de Cristo" (Col. 1,24). Véase cómo reexpone el tema un autor antiguo: "El es quien sufría tantas penalidades en la persona de muchos otros; El es quien fue muerto en la persona de Abel y atado en la persona de Isaac, El anduvo peregrino en la persona de Jacob y fue vendido en la persona de José, El fue expósito en la persona de Moisés, degollado en el cordero pascual, perseguido en la persona de David y vilipendiado en la persona de los profetas" [Melitón de Sardes, Homilía sobre la Pascua, n.65-71, SC.123, 95-101. Este trozo se lee en el Oficio divino, Lecturas del Jueves Santo]

En los sufrimientos de Cristo, se ha manifestado ahora, a sus santos (Col.1,26), el Misterio escondido desde siglos y generaciones. Y este Misterio ilumina el sentido de los padecimientos de los cristianos. Es Cristo quien padece en ellos: "Saulo ¿por qué me persigues?". Es Cristo quien sigue sufriendo en nosotros, como sufría antes en los justos del Antiguo Testamento. La Comunión en los santos es también una comunión en los padecimientos (Flp.3,10): los de Cristo son de todos; los de todos sus discípulos son de Cristo. El que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia.

5. En la reciente enseñanza del Papa Juan Pablo II en su carta Salvifici doloris, el Magisterio ha vuelto a reproponernos la "paraklesis" cristiana sobre el sufrimiento humano y, en particular, del cristiano.

Las dos formas del sufrimiento a que alude el Papa al referirse al específico evangelio del sufrimiento: 1) con Cristo y 2) por Cristo, corresponden a los dos aspectos que estamos bosquejando aquí. El primer aspecto que hemos señalado, nos mostró cómo la purificación de los justos por medio del sufrimiento pedagógico culmina, al revelarse dicha purificación, como una participación en el sufrimiento salvador de Cristo. También Cristo, verdadero hombre, experimentó la pedagogía del sufrimiento, "y aprendió padeciendo a obedecer" (Hebreos 5,3), y "habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados" (Hebreos 2,18).

B) LA PERSECUCIÓN DE UN ELEGIDO POR OTRO

6. El Mesías, el Ungido, el Elegido de Dios, muere a manos del Pueblo elegido, ungido por Dios como pueblo de su predilección entre todas las naciones, Juan esboza este hecho sorprendente: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron" (Jn 1,11).

Es este un aspecto sobre el que queremos llamar la atención porque no lo hemos visto señalado y, sin embargo, parece importante.

[Nota de la Redacción [P. M. A. Fiorito S.J.

Este estudio bíblico puede iluminar también la significación espiritual de la existencia de conflictos en la Iglesia entre personas que quieren servir a Dios. Nota de la Redacción: por ejemplo, entre superior y súbdito, por ejemplo, la "eficacia" en la acción...o la "justicia"; pero mezclado con algo que no es "bueno" (en este mismo caso, la "desobediencia"...o la "desunión").

En todos estos casos de "conflicto" intra-eclesial la tentación no es "grosera y abierta..." (EE.9), sino "debajo de especie de bien" (EE.10).

Siempre en el caso de conflicto entre el superior y el súbdito – y cuando la tentación de éste es "debajo de especie de bien" – no es un despropósito pensar que el superior ceda, como lo hizo, en un caso, Ignacio con Rodrígues, pues dice: "...no favoreciendo tanto como él quisiera a las muchas mociones para aprovechar las ánimas en tierra de infieles; con todo, pienso yo, según que ha más de diez años que este espíritu le sigue, y a nosotros mismos nos escribe, que será menester condescender a sus deseos, esperando que, si son de Dios nuestro Señor, todo redundará a su mayor gloria y honor; y si son de otro, siendo su voluntad sana y buena intención, el mismo Señor le hará vencedor y le dará victoria sobre todo, a mayor gloria suya" (Epp.,307).]

7. La persecución de un Ungido por otro, el sufrimiento de un Ungido a manos de otro, es un acontecimiento frecuente en el Antiguo Testamento, y continuará siendo común en la historia de la Iglesia. Podríamos decir que pertenece a las estructuras constituyentes de la historia de salvación. Es una resultante del rechazo por parte del hombre a la solicitación amorosa de Dios.

De ese rechazo, como de una raíz, brotan el rechazo de los jueces primero, y de los profetas después. Pero el Señor ya se lo explica así a Samuel: "No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos" (1 Sam. 8,7). El rechazo de Dios se expresa rechazando a su ungido. En este caso a Samuel.

También Saúl, después de sucumbir a la desobediencia (1 Sam. 15,22-23), concebirá celos contra David. Y la persecución de que lo hace objeto por celos, y lleno de autocompasión (pues cree ser él el que está amenazado por David), tiene algo de negación de la propia culpa, de autojustificación y de rechazo del juicio divino (que Samuel le ha trasmitido), así como de la corrección y sentencia divina: el Saúl que persigue a David es un desacatado irreductible. Es el arquetipo del elegido duro de cabeza, desobediente, que expresa su rebeldía persiguiendo al elegido obediente y manso. Un semejante mecanismo espiritual del perseguidor, lo ha expresado muy bien el libro de la Sabiduría de Salomón: "es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible" (Sab 2,14; ver todo el pasaje 2,10-20).

Sin embargo, Saúl el perseguidor recibirá la gracia de la conversión cuando David, acorralado en la última cueva del desierto, le perdone la vida. La mansedumbre invicta del perseguido salva de su pecado al perseguidor (1 Sam. 24, 17-22). Cuando parece que Dios ha entregado a su justo David en las manos de Saúl es, por el contrario, Saúl quien le es entregado por Dios a David; pero no para la espada sino para el perdón magnánimo y para la conversión consiguiente. Por el perdón del perseguido se convierte el perseguidor y llora su error. Fácilmente se entrevé aquí el mismo arquetipo salvífico, prefiguración del drama Cristo-Israel. El mismo arquetipo que reluce en la conversión de Saulo y su transformación en Paulo. La Carta a los Hebreos, sensible a esta analogía, la ha dejado señalada (Hebreos 10,1-18), anudando la obediencia y el sacrificio de Cristo con la desobediencia de Saúl (1 Sam. 15,22) a través de la cita del Salmo 40,7-9.

8. El drama Saúl-David abarca muchos capítulos de 1 Samuel: va del capítulo 18 al 31. Es quizás el ejemplo más extenso, mejor desarrollado y expuesto con más detalle de peripecia de tipo histórico y matices de fina observación psicológico-espiritual. Pero no es el único ni mucho menos.

El texto de Melitón de Sardes, antes citado, enumera una galería de figuras bíblicas en las cuales ocurren parejas de elegidos en parecidas situación antagónica. Alude a los pares explicitando sólo uno de los polos: Abel-(Caín); Abraham-(Isaac); Jacob-(Labán) y Jacob-(Esaú); José-(sus hermanos).

9. Moisés merece especial atención. Aparece en conflicto con el pueblo elegido, ya sea en conjunto, ya sea con algunos miembros como Arón. Cuando mata al egipcio, cumpliendo piadosamente su deber de goel (vengador de sangre: Nm. 35,19, con nota de la B.J), es increpado por los suyos (Ex. 2,11-15). Las murmuraciones y rebeldías en el desierto fueron múltiples (Ex. 15,24; 17,3; Nm.20,2; Ex. 16,2; Nm. 11,2-4; Slm. 78: pueblo recalcitrante, imagen del alma que resiste a la gracia). Pero no sólo el pueblo elegido en su conjunto rivaliza con Moisés: el sacerdote Arón y María, sus hermanos, murmuran contra él por causa de su mujer cushita (Nm. 12,1-3). Por su paciencia ante tantas rebeldías, la Escritura elogia a moisés como el hombre más humilde de la tierra (Nm. 12,3). La rebeldía del pueblo llegó en ocasiones al intento de apedrear a moisés (Nm. 14,10). Pero es evidente que así como en Moisés descarga el pueblo su rebeldía contra Dios, así en las entrañas de misericordia de Moisés que intercede por el pueblo rebelde y que quiere hasta matarlo, en esa humildad de moisés se refleja la misericordia divina; una humildad sobrehumana: "Moisés era un hombre más humilde que hombre alguno sobre la haz de la tierra" (Nm. 12,3).

Toda la travesía del desierto está pautada por esa pendularidad conflictual que opone al pueblo elegido (o alguno de sus miembros) con el líder elegido.

10. No es necesario agotar aquí el recorrido de las Escrituras para comprender que la enérgica diatriba del mártir Esteban era fundada: tras recorrerla en su discurso (Hechos 7,1-60), concluye con un reproche a los elegidos que han recibido la ley por manos de ángeles, pero no la han aguardado, persiguiendo y matando a los profetas que anunciaban al Justo, al cual han traicionado y asesinado (Hechos 7,51-53).

En todos los casos, uno de los elegidos trata violentamente al otro, pero el otro no responde con violencia, sino con humildad, perdón, orando por el rebelde que se le opone, o llorando por la muerte del perseguidor (como David la de Saúl, y luego la de Absalón).

11. Al mismo Misterio y Arquetipo salvífico corresponde el drama Cristo-Judas. Es uno de los elegidos del Elegido, un miembro del colegio apostólico, dado a Jesús por el Padre (Jn 17,12), y elegido por Jesús (Mc. 3,19); es uno de los convidados y comensales del festín mesiánico, uno que mete la mano en el mismo plato, y al cual el Anfitrión llama amigo y sirve con su propia mano, el que se levanta contra El y lo entrega. De nuevo: un elegido contra el Elegido. Ungido contra Ungido.

12. El colegio apostólico, la comunidad de los doce, estaba interiormente trabajada por la tentación de los celos y las rivalidades entre los elegidos. Santiago y Juan, que aspiran a la izquierda y la derecha, excitan con sus aspiraciones y su maniobra la indignación de los otros diez (véase Mc. 9,33-37; 10,33-45). Juan se arroga el título de "discípulo a quien Jesús amaba". Pero Pedro no parece querer ser menos. La carrera de ambos hacia el sepulcro y el respetuoso ceder el paso a Pedro para que entre primero, parecen expresar el surgimiento de una "cultura cristiana" de la superación de la rivalidad y los celos.

Es interesante observar cómo intenta Jesús poner remedio a esos gérmenes de rivalidad entre elegidos dentro de su comunidad cristiana. Por un lado Jesús remite a los discípulos al rol de Servido sufriente del Hijo del Hombre, es decir, a su Pasión (Mc. 10,45). Por otro lado, en el capítulo 21 de San Juan, encomienda al cuidado de Pedro al discípulo que amaba. La teología juanina es la que ha enfatizado más estos aspectos del amor, que tienden a conjurar la perenne tentación de rivalidad entre elegidos; la ruptura de la comunión-koinonía.

13. A la fractura por rivalidad entre elegidos, el Señor resucitado quiere sustituir una circulación del amor y de la gracia que una a todos con todos. Pero su ejemplo muestra que esa circulación sólo es posible asegurarla por el camino del Siervo. No aceptar su camino es – otra vez más – el rechazo de un elegido por otro, de un amado por otro. El pecado del Diablo es precisamente ese. Y la obra del Hijo es la contraria. "Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín que, siendo del Maligno, mató a su hermano" (1 Jn. 3,12). A todo este capítulo juanino le subyace la dramática oposición de pares de elegidos: Diablo-Hijo; Caín-Abel; hermanos-mundo; hermano-hermano; El-nosotros; nosotros-nuestros hermanos. Si la obra del Diablo es odiar al elegido, la del Hijo es amar hasta al que lo rechaza.

C) EL REMEDIO DIVINO

15. El Señor exorciza las rivalidades entre elegidos haciendo, de los potenciales dominadores, buenos servidores. La rivalidad se canaliza en forma de servicio. La inclinación a negar el ser del otro, se cambia por la de afirmar su ser y servirlo. Lo mismo sucede en el dominio angélico. A los Ángeles, que uno podría pensar que fuesen potencias espirituales dominadoras, dios los constituye en custodios, guardianes y servidores de los hombres. El remedio del celo es el servicio. Satán, por celo, no quiso servir (Celo es, en las fuentes cristianas, el nombre del motivo de la persecución y del rechazo de los cristianos por parte de Israel. Pero celo es también el nombre que da Pablo a su afán apostólico y misionero por el bien de todos).

CONCLUSIÓN

16. Para terminar, volvamos a las palabras de Jesús a los de Emaús y a lo que pudo ser su argumentación escriturística para explicarles que "era necesario que el Mesías (el Ungido, el Elegido) padeciese estas cosas (la contradicción por parte del pueblo elegido, de sus sumos sacerdotes y magistrados) para que entrase así (por este clásico camino del rechazo de un elegido por otro) en su gloria (en la manifestación de los más íntimo de su grandeza propia y divina)".

Jesús resucitado ejerce su "oficio de consolar" (EE.224) de modo principalísimo mediante "la consolación de las Escrituras" (Rom. 15,1-6; 2 Tim. 3,14-16).

Pensamos que el tema de la persecución de un ungido por otro pudo muy bien (quizás debió) ocupara un puesto importante en aquella "lectio de Sacra Página" con que el Resucitado confortó a sus amigos e iluminó sus corazones embotados y ateridos. ¿Hay que decir que no tenían las Escrituras consigo sino de memoria?.

17. En cuanto a la mecánica espiritual de los Ejercicios, esta consideración puede ayudar a purificar el corazón del ejercitante y prepararlo para la entrega de sí mismo en la Contemplación para alcanzar amor (EE. 230-237), para responder con el don de sí mismo a un Dios que se da sí mismo.

Pero también puede ayudar al ejercitante a comprender mejor una razón estructurante de las Reglas "para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener" (EE. 352-370), y a obrar, sin embargo, con la libertad interior que requiere "hablar u obrar alguna cosa dentro de la Iglesia, dentro de la inteligencia de los nuestros mayores" (EE. 351).

En resumen: haber asimilado espiritualmente este argumento ayudará, a Evodia y s Síntique, a tener un mismo sentir en el Señor (Flp. 4,2).